febrero 10, 2012

EVALUACIÓN, AUTOEVALUACIÓN Y COEVALUACIÓN

COEVALUACIÓN Y AUTOEVALUACIÓN
(Del libro “CÓMO ENSEÑAR Y EVALUAR POR COMPETENCIAS” de Ramiro Ovalle Llanes)
El proceso de evaluación conlleva la evaluación del docente ante los indicadores propuestos y como in ingrediente autoevaluativo para él, están la coevaluación y autoevaluación.
A nivel internacional se han hecho muchas investigaciones relacionadas con la evaluación del aprendizaje, que quizá es lo más difícil de hacer. Ahora se habla de una valoración del alumno en forma integral, con una dosis de participación de él, que él sepa evaluarse, claro que conociendo qué es lo que se le va a evaluar. Esto indica, que el alumno debe tener una muy buena formación para poder llegar a autoevaluarse en forma sincera y práctica.
Todo lo anterior conlleva a lo que es la calidad, principio que en el momento está en furor y casi todos los esfuerzos y resultados están dirigidos a este aspecto: la calidad. Aquí enfrentamos una dura realidad y es que la mayoría de los docentes centran sus valoraciones en lo académico. Desde lo pedagógico, no se hace muy evidente que los docentes tengan una muy buena preparación para ensayar sistemas e instrumentos de evaluación y menos aquella que favorezca la formación integral de los alumnos. La mayoría creen que la nota numérica es lo esencial y esto limita la coevaluación y la autoevaluación.
Por esto, se hace necesario que los alumnos reconozcan la importancia de estos procesos evaluativos, ya que si se hacen estos procesos con toda la seriedad la evaluación será más justa, sistemática y participativa.
Hemos practicado por muchos años la heteroevaluación , es la más reconocida históricamente. Los docentes la saben aplicar muy bien. La autoevaluación tiene otros ingredientes, ya que, la autoevaluación, está supeditada en la autorregulación, la autoconciencia y la autovaloración. Algo muy subjetivo que puede dar un muy buen resultado, porque por medio de esto se está desarrollando la personalidad del alumno. En esta parte se confunde lo sicológico con lo dialéctico, en donde la personalidad se ve como un todo, como algo integral, todo unido en lo afectivo y cognitivo, en lo social e individual, todo conjugado para dar como resultado ese alumno integral del que tanto hablamos.
Los proyectos transversales deben llevar a una toma de conciencia por parte del alumno sobre lo que es su rendimiento académico para que en el momento que se haga una autoevaluación y coevaluación, produzca los frutos de su intencionalidad. Una forma muy práctica de aplicar lo anterior, corresponde a la metacognición, cuando los alumnos conocen los indicadores con los cuales se les va a valorar. Lo metacognitivo lleva al alumno a la aplicación en cada momento de su vida. En los proyectos transversales se les ha enseñado a la toma de conciencia social, personal, a la toma de decisiones seria, a la participación democrática, que poco a poco le van desarrollando las herramientas necesarias para obrar dentro de la sociedad en forma constructiva y participativa. Es difícil, pero a esto le dirigen las miradas todos los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) y si todos nos dirigimos hacia esto, el resultado se debe dar. Cuando el estudiante se autovalora, empieza a tener conciencia de su papel protagónico dentro de la sociedad y halla el objeto de su educación. Esta valoración, no es para aumentarle la valoración que ha sacado, es para conocer hasta qué punto ha llegado lo cognoscitivo a ser tener significado para él y cuando conversa con sus padres, con sus docentes, coevalúa con ellos para encontrar en dónde están las fallas para que los cognoscitivo no tenga el resultado que se esperaba. Aquí está la esencia de la autoevaluación. Tanto el docente como el alumno, encuentran los porqués del bajo desempeño en un área. Es un proceso reflexivo para ambas partes, que sirve de mejoramiento para la metodología del docente y regulación para la adquisición del conocimiento por parte del alumno.
En la autoevaluación también deben participar los miembros de la comunidad educativa, porque se pueden presentar fenómenos sociales, políticos, culturales y económicos que pueden estar incidiendo negativamente en los procesos que se llevan en la escuela.
Con la coevaluación, establecemos pares, es una forma de evaluación en donde los evaluadores y evaluados intercambian sus actuaciones en forma alternativa. Es el momento en que socializamos lo enseñado y lo aprendido para ver hasta qué punto ha llegado, lo propuesto. Esto contribuye al desarrollo de toma de decisiones, a fomentar el espíritu crítico, a hablar constructivamente y a la participación democrática de toda la comunidad educativa.
La coevaluación por su parte, se utiliza para referirse a la evaluación entre pares, entre iguales. La coevaluación es aquella forma de evaluación donde los evaluadores y evaluados intercambian sus roles alternativamente. Es la evaluación que ejercen entre sí los educandos, es decir, uno evalúa a todos y todos evalúan a uno. Ello contribuye al desarrollo de la valoración crítica, constructiva y colegiada en el colectivo.
La coevaluación como disposición en la cual los educandos consideran la cantidad, nivel, valor, calidad o éxito de los resultados de sus coetáneos, con la utilización de escalas diferenciadas de valores. Es una vía para socializar lo aprendido, aprender a valorar hasta dónde han llegado él y su compañero, y ofrecer la ayuda necesaria en el momento oportuno.
Unido al proceso de autoevaluación y coevaluación, se ha de desarrollar una evaluación compartida. Se considera como referente, para el cual la evaluación compartida constituyen formas dialogadas de evaluación entre docentes y alumnos, que complementan los procesos de autoevaluación de los educandos con posteriores procesos de diálogo, intercambio de información y búsqueda de acuerdos entre estos.
La coevaluación y la evaluación compartida como proceso de valoración recíproca permite a educandos y profesores, identificar los logros personales y grupales, fomentar la participación, reflexión y crítica constructiva ante situaciones de aprendizaje, opinar sobre su actuación dentro del grupo, aportar soluciones para el mejoramiento individual y grupal, desarrollar actitudes que se orienten hacia la integración del grupo, mejorar su responsabilidad e identificación con el trabajo, así como emitir juicios valorativos acerca de otros en un ambiente de libertad, compromiso y responsabilidad.
Se comparte los criterios emitidos por M. Bastida (2007) al referirse que la relación profesor educando debe ser más comunicativa, que la información relativa a los criterios para evaluar, sean acordados y entendidos por los educandos, porque intentar ir más allá de lo cognoscitivo no significa de manera alguna minimizar la importancia del sistema de conocimientos, sino que implica reconocer que esto no es lo único y más importante para los seres humanos. De acuerdo con W. Peñaloza (2008) es necesario despertar en los educandos actitudes positivas ante la vida, permeadas de vivencias valorativas formativas, que generen compromisos de alcance social. Las conductas o acciones realizadas por los educandos han de ser hechos fácticos guiados por un conjunto de hechos internos.
La autoevaluación, coevaluación y evaluación compartida son procesos continuos y permanentes donde los profesores han de demostrar comprensión y tolerancia, valorar que los errores ayudan a conocerse y a través de ellos adquirir experiencia. El ejercicio de discusión razonadora, el trato cordial entre coetáneos, el respeto a las opiniones de los educandos, canalizar sus inquietudes y guiarlos, para que sean respetuosos de las ideas discrepantes. En cada aula debiera reinar el intercambio de pareceres, donde los educandos practiquen su capacidad analítica y donde exista un convivir democrático, con el auxilio de un profesor que sepa ser a la vez incentivador y moderador.
No se pretende sobredimensionar la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación compartida, sino de situarlas en el lugar que ameritan estar como necesidad acuciante en el proceso de crecimiento y desarrollo humano. A pesar de su importancia, la instrumentación de la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación compartida, ha estado frenada por la resistencia al cambio por parte de profesores y educandos. Sobre los primeros ha predominado la influencia de la tendencia tradicional y del paradigma conductista y su operacionalismo, además de considerar que los educandos no están preparados para su realización. Los educandos, por su parte, no son entrenados lo que limita su autoconocimiento y autovaloración. Todo ello trae consigo que no se concrete la función educativa y formativa de la personalidad en el proceso evaluativo.
La expresión de L. Vigotsky (1987), según P. Morenza y C. Terré (2000), de que las funciones psíquicas tienen un origen social, parte de la premisa de que los hombres y mujeres son seres sociales por naturaleza, un producto de la sociedad y sujetos de las relaciones sociales. Las funciones psíquicas superiores nacen de las interacciones en el proceso de comunicación interpersonal.
L. Vigotsky (1987) al referirse a las interacciones entre las personas, incluye cuando sus miembros están cerca los uno de los otros al compartir un espacio temporal con un propósito común, como es el caso del grupo escolar, y estas personas actúan como mediadoras del proceso de conocimiento. Los profesores no deben desaprovechar la posibilidad y oportunidad que tienen los miembros del grupo escolar de compartir e interactuar entre sí, para potenciar la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación compartida.
Es indudable, que uno de los aportes más relevantes del enfoque histórico cultural, es cuando en las reflexiones acerca del origen social de las funciones psíquicas superiores, postula que esta se encontraba fuera de la subjetividad. La conducta interactiva del sujeto es el origen de la conciencia. A partir de lo expresado con anterioridad, la conducta externa observable, no es sólo la expresión de fenómenos internos sino que es el origen de los fenómenos psíquicos internos, es por ello que los fenómenos psíquicos subjetivos se hacen posibles al conocimiento.
Las relaciones de los educandos con los objetos de la cultura están mediatizadas por las que establece con otros, como son los profesores, personas adultas e incluso con sus coetáneos, debido a que conocen unos y otros objetos de la cultura y sobre todo las formas de operar con ellos. Los instrumentos creados por la cultura le permiten regular el propio comportamiento y el de los demás, y sobre todo, tomar conciencia del lugar que ocupan en el seno de la sociedad.
La existencia de una interacción dialéctica entre lo social y lo individual hace que los educandos sean entes activos, constructores y transformadores de la realidad y de sí. La utilización posterior de lo internalizado se manifiesta en un proceso de externalización que conduce a la transformación de los procesos culturales.
En la formación y desarrollo de la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación compartida, se sigue el camino de lo externo a lo interno. Lo externo representado por la valoración social que reciben los educandos de las demás personas en su entorno, lo cual pasa a formar parte de los contenidos autovalorativos en un plano interno, en un proceso activo donde ganan autonomía respecto a los criterios externos. En estos procesos, el intercambio de ideas, opiniones, criterios, producidos en el proceso comunicativo, constituye un mediador de las funciones psíquicas superiores, donde el lenguaje, según A. Luria (1982) se convierte, en el regulador fundamental del comportamiento.
Enseñar a los educandos a reflexionar sobre su desempeño en correspondencia con sus potencialidades, significa concebir pedagógicamente un proceso de mediación, con niveles de ayuda, hasta que los educandos logren una autovaloración adecuada que le permita autorregular su conducta. El intercambio entre los educandos, posibilita la transformación de los modos de actuación personal a lo social.
Hay que lograr que los educandos se autovaloren adecuadamente, ello posibilita desplegar sus potencialidades para desarrollarse en los contextos escolar, familiar y social. Este proceso se ha de iniciar de manera progresiva, planificada y dirigida, donde los educandos ganen confianza, seguridad e independencia en las valoraciones, mediante un clima sociopsicológico afectivo, que le permita comparar sus resultados y se retroalimenten de sus éxitos y desaciertos, lo cual conduce a una adecuada evaluación de su desarrollo personal. La autoevaluación, la coevaluación y la evaluación compartida, pueden ser estimuladas y desarrolladas en todas las actividades del proceso pedagógico, sin embargo en la evaluación estas son esencialmente decisivas.
Los profesores tienen la responsabilidad de preparase y preparar a los educandos en el desarrollo de la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación compartida, pues resulta indispensables que promuevan en ellos la necesidad de asumirla como parte de su formación integral para poder evaluar sus aprendizajes con responsabilidad, justeza y objetividad. Los compromisos individuales y grupales que se establecen en el proceso de reflexión e intercambio entre profesores y educandos, son momentos de especial atención para lograr la implicación personal de ambos en el proceso de enseñanza y en particular en el proceso evaluativo. De esta manera los educandos se sienten activos participantes del proceso evaluativo.
Una participación activa de los educandos en el proceso evaluativo se manifiesta cuando ejercen diferentes roles, realizan análisis y valoraciones de los avances o dificultades para alcanzar el cumplimiento de los objetivos propuestos. De esta manera se contribuye al desarrollo de los conocimientos, se influye en la formación de criterios valorativos, y se desarrolla una disposición positiva para solucionar problemas individuales o colectivos.
La realización de un autocontrol facilita la estructuración de acciones docentes y educativas para obtener el resultado deseado. Lo anterior supone que los educandos comparen los resultados que han obtenido con los que debían haber logrado. Estos procedimientos, a pesar de que ofrecen la posibilidad de hacer correcciones y de plantear recomendaciones para las siguientes tareas, no siempre se realizan lo que limitan las posibilidades de los educandos para crecer en relación con sus cualidades personales.
No debe confundirse el término integral con integralidad, el primero se refiere a la existencia de las esferas que dan cuenta del progreso humano. Estas no pueden ser consideradas como elementos aislados y es aquí donde irrumpe la integralidad, que se sitúa en el plano de lo sinérgico y lo armónico del desarrollo. La integralidad se manifiesta en las diversas esferas del accionar cotidiano.
La integralidad proporciona la armonización de las actuaciones de los miembros de la comunidad educativa de forma que todos contribuyan al logro de los objetivos propuestos, donde los docentes no se limiten a trasmitir el saber existente, sino han de tener en cuenta los aspectos formativos de la personalidad de los educandos para que sean capaces de aprender, pensar, sentir, actuar y convivir con los demás, de modo protagónico, cuando esos educandos no formen parte del grupo escolar y no estén bajo la tutela de los padres.
Dentro de las potencialidades existentes en la integralidad, se destaca la capacidad para comprender la complejidad de la realidad, el reconocimiento del carácter pluridimensional, multifactorial, estructural y acumulativo del proceso evaluativo y la visión del rol que deben desempeñar los implicados. En este proceso hay que aprovechar cada ocasión para mostrar que los esfuerzos son multiplicadores y generan impactos globales.
El estudio de diversas conceptualizaciones ha permitido al autor del presente artículo considerar que integralidad de los educandos es, la capacidad de autorregular y autocontrolar los modos de actuación en consecuencia con el pensar y sentir, que se manifiesta en el contexto social donde se desarrollan.

Por otra parte y contextualizada en la contemporaneidad formativa cubana, se considera que, evaluación de la integralidad en educandos de preuniversitario, es un sistema en sí, un elemento de un sistema, y un proceso retroactivo y permanente en la adopción de decisiones reguladoras, que favorece la emisión de juicios de valor integral, sustentado en el intercambio de informaciones, lo que contribuye a la autodeterminación, dada por la interiorización de los objetivos por los implicados.
Este proceso facilita un trabajo colectivo donde se imbrica a todos los factores y actores implicados, se proporcionan e intercambian disímiles informaciones sustentada en una adecuada comunicación. Los juicios de valor integral sobre las manifestaciones del pensar, sentir y actuar, tienen un carácter regulador y de reorientación y están basadas en la comparación respecto a sí, en relación con el desarrollo alcanzado en el crecimiento personal y colectivo de los implicados.
El proceso es personalizado y consciente, en el cual los educandos son responsables del proceso y de su resultado, donde los modos de actuación personal y social reflejan la unidad de la palabra y la acción. Conocer lo que cada uno de los educandos es y puede llegar a ser, lo que piensa y puede pensar en determinadas circunstancias, lo que sabe y puede aprender a hacer, a saber con la colaboración con otros, cómo aprende y puede llegar a aprender, proporcionándoles los niveles de ayuda necesarios en el momento preciso, son cuestiones que no pueden perderse de vista.
La diversidad vislumbra diferentes respuestas pero también diversos caminos para llegar a ellas. Evaluar la integralidad implica que el colectivo pedagógico determine la singularidad de cada uno de los educandos, elijan los procedimientos e instrumentos adecuados, que le permitan comprender la evolución que estos experimentan individualmente, tomar en consideración su precedente y su potencialidad.

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